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La herencia que no hemos querido aceptar

La semana pasada se cumplieron 20 años del asesinato de seis sacerdotes jesuitas en la UCA. Por razones de fuerza mayor, no pude asistir a los actos conmemorativos de esa fecha fatal y tampoco pude escribir mi habitual columna, pero no quiero dejar pasar la ocasión sin destacar algunos aspectos de esas vidas que fueron tan queridas para mí y tan ejemplares para una buena cantidad de salvadoreños.

Con Ignacio, Amando, Segundo y Nacho sostuve por varios años una relación de aprendizaje, amistad y colaboración, iniciada en mi época de estudiante de secundaria en el Externado de San José. También fui alumno de ellos en la universidad, en varios cursos de filosofía y psicología social. En los inicios de la revolución sandinista, trabajé por unos meses como asistente de Amando López, quien era entonces el rector de la UCA de Nicaragua y, en el momento de su muerte, me desempeñaba como asistente de Nacho Martín-Baró en la UCA de El Salvador.

Esa relación, en diversos roles y contextos, me permitió conocer facetas de su personalidad que no eran evidentes para quienes solo los conocieron superficialmente y, menos todavía, para quienes se atrevieron a juzgarlos sin conocerlos. Han pasado a la historia como mártires por la causa de la justicia, a la que dedicaron sus vidas con máxima generosidad, pero a mí se me revelaron desde mucho antes como personas profundamente humanas, hombres serenos y ecuánimes, sencillos en todas y cada una de sus acciones y relaciones.

via La herencia que no hemos querido aceptar.

Muy buena columna sobre los juesitas quienes fueron asesinados por el gobierno y los militares en el El Salvador hace veinte años. Como dice el Sr. Samayoa, el país se quedó con un gran vacío al que unos gorilas se hayan manchado sus manos y su alma con este asesinato. Vayan y lean todo el artículo; está excelente.

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