{"id":32549,"date":"2017-09-26T23:41:02","date_gmt":"2017-09-27T06:41:02","guid":{"rendered":"http:\/\/lamaravilla.com\/blog\/?p=32549"},"modified":"2024-01-24T14:53:49","modified_gmt":"2024-01-24T22:53:49","slug":"un-relato-de-una-voluntaria-en-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lamaravilla.com\/blog\/?p=32549","title":{"rendered":"Un relato de una voluntaria en M\u00e9xico &#8211; Al Barreiro"},"content":{"rendered":"\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ayer estuve seis horas ayudando en la zona cero de Escocia, en la Del Valle. Me qued\u00e9 en casa de mis pap\u00e1s y me levant\u00e9 a las 6:30am, mi mam\u00e1 me hizo de desayunar mientras me alistaba y me enfil\u00e9 hac\u00eda Heriberto Fr\u00edas, donde convocan a los voluntarios. Nos explicaron que las mujeres pasamos cubetas vac\u00edas al Ej\u00e9rcito, quienes las llenan de cascajo y las regresan a las 2 filas de hombres que est\u00e1n formados detr\u00e1s de nosotras, replegados en las paredes. Las varillas, vidrios, muebles, boiler y objetos m\u00e1s peligrosos son movidos por el ej\u00e9rcito. Conocen la inexperiencia de la mayor\u00eda de los voluntarios y no nos arriesgan. Para entrar nos dan equipo -casco, guantes, chaleco y tapabocas- escriben tu nombre, un n\u00famero de contacto y tipo de sangre en el brazo con plum\u00f3n indeleble y te vacunan contra el t\u00e9tanos. Entramos a la zona cero en silencio, con el celular apagado y r\u00e1pidamente nos ponen a trabajar. (Previo tuvimos el susto del temblor, nos replegamos y tardamos 45 min m\u00e1s en entrar mientras Protecci\u00f3n Civil verificaba que era seguro nuestro ingreso). Mis ojos no dan cr\u00e9dito a lo que veo: nunca hab\u00eda visto un edificio ca\u00eddo y es impresionante como una estructura tan robusta y s\u00f3lida es ahora una monta\u00f1a de cascajo y recuerdos. La l\u00ednea de vida -como la conocen- comienza y uno deja de pensar para ponerse a trabajar. Mientras uno est\u00e1 activo continuamente ofrecen agua, electrolitos, dulces, tamales y huevos duros, donado por la sociedad. Los voluntarios preferimos no comer, solo agarramos dulces para dejarles la comida al ej\u00e9rcito e ingenieros. Tambi\u00e9n pasan voluntarios m\u00e9dicos para saber si te sientes bien, colocan gotas en los ojos y sacan a quienes ven m\u00e1s cansados de lo normal. Pasar cubetas (botes de pintura) parece sencillo, pero despu\u00e9s de una hora sientes ampollas en las manos y calambres en los hombros. Te das cuenta que no eres la \u00fanica cansada cuando las cubetas empiezan a caerse de las manos de las dem\u00e1s. Algunos gritan que hay que tener cuidado, que pueden romperse. Los hombres nos alientan y nos dicen que hacemos un gran trabajo. Mientras te concentras en no retrasar la actividad ves pasar pedazos de la vida de alguien m\u00e1s: zapatos, fotos, sillas, ropa, edredones, cuadros. <\/p>\n\n\n\n<!--more Ac\u00e1 pueden leer el relato completo-->\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Objetos que seguramente se obtuvieron con esfuerzo y dedicaci\u00f3n, y ahora son nada. Llam\u00f3 mi atenci\u00f3n una carretilla (tirada en su mayor\u00eda por alba\u00f1iles, quienes sacan escombros m\u00e1s grandes) con un juego de copas nuevo, aun envuelto. Conforme las mujeres dimiten nos recorremos y me acerco a la zona cero. Veo un auto en los escombros del estacionamiento: es un Sentra rojo y est\u00e1 intacto. Sin embargo, la entrada est\u00e1 detenida con polines por lo que probablemente no saldr\u00e1 completo. Nadie toma selfies ni trae m\u00fasica, tampoco hablan, bromean o flojean. El respeto es tangible, es una zona de luto. Un d\u00eda antes sacaron un pug y un gato, por lo que existe la posibilidad de que haya vida entre los escombros. Nuestra eficiencia puede ser la diferencia entre la vida y la muerte de alguien m\u00e1s. El Ej\u00e9rcito, la Marina y los ingenieros trabajan incansablemente. Hay una gr\u00faa que con precisi\u00f3n milim\u00e9trica mueve las paredes se\u00f1aladas para continuar con la b\u00fasqueda; cuando lo hace el silencio es absoluto. Tiene una bandera de M\u00e9xico en la punta y cuando se mueve \u00e9sta hondea -el coraz\u00f3n se hincha. Los militares se colocan enfrente de nosotras para protegernos. Una vez que la pared est\u00e1 en el suelo toman sus picos y la deshacen en minutos. Empieza de nuevo: pasar r\u00e1pidamente las cubetas para sacar el escombro lo antes posible, las cubetas regresan con los hombres, las carretillas van y vienen, el ej\u00e9rcito sale con material riesgoso. La garganta pica, los ojos molestan, el coraz\u00f3n duele, el alma se engrandece al ver el esfuerzo de todos por ayudar desinteresadamente al otro. Llega el equipo chileno para ayudar y suben a evaluar los escombros. La actividad continua hora tras hora. Te habit\u00faas a tus compa\u00f1eras, sabes que la de la izquierda es r\u00e1pida pero la de la derecha es despistada, por la que continuamente le ayudo para no retrasarnos. Debajo del caso y tapabocas es dif\u00edcil saber su edad pero son mucho m\u00e1s j\u00f3venes que yo, la mayor\u00eda de los voluntarios lo son. Despu\u00e9s de un tiempo pasa un ingeniero y nos pregunta a que hr entramos: a las 8:30am. Nos dice que debe sacarnos, algunas aceptan pero mi compa\u00f1era de la izquierda y yo le comentamos que aguantamos un par de horas m\u00e1s. Nos comentan que son casi las 3 -no puedo creerlo- y que nos deben relevar para evitar un incidente. Detienen la l\u00ednea de vida y anuncian que saldr\u00e1 un convoy con 15 mujeres. Dejamos las cubetas y nos enfilamos sobre Escocia rumbo a Eugenia. Mientras lo hacemos la gente deja lo que tiene en las manos, se quita los guantes y comienza a aplaudirnos: los voluntarios, los param\u00e9dicos, los ingenieros, los alba\u00f1iles. Una persona del ej\u00e9rcito grita: \u00a1vivan las mujeres mexicanas valientes! Y as\u00ed, entre aplausos y gritos, con la vista en el suelo y aguant\u00e1ndome las l\u00e1grimas salgo de la zona cero. Damos vuelta hacia Eugenia, entreg\u00f3 el equipo y la gente me ofrece fruta, comida y agua mientras me felicitan. Les doy las gracias y sigo de largo. Mientras camino me doy cuenta que voy sola -no s\u00e9 d\u00f3nde est\u00e1n las dem\u00e1s, pero me hubiera gustado despedirme de ellas- me duele todo, tengo mucha hambre, me arde la cara y me siento mareada. Un voluntario se da cuenta y me detiene, me llevan a un control donde me dan un pl\u00e1tano y un refresco. Me espero unos minutos y salgo de la zona acordonada donde los relevos y la polic\u00eda me aplauden nuevamente. Nunca he recibido tanta atenci\u00f3n as\u00ed que s\u00f3lo sonr\u00edo -la fama no es lo m\u00edo. Respir\u00e9 agradecida, me pein\u00e9 el cabello tieso, sacud\u00ed un poco mi pantal\u00f3n y continu\u00e9 caminando sobre Gabriel Mancera, pensando en todo lo que acababa de vivir, orgullosa de mi trabajo y sobre todo, de no haber llorado enfrente de los dem\u00e1s. Eso termino cuando vi a mi mam\u00e1 esper\u00e1ndome afuera del primer ret\u00e9n, entre los camiones de volteo listos para entrar a sacar m\u00e1s escombro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Somos muy afortunados de tenerlo todo y lo menos que podemos hacer es ayudar a quienes est\u00e1n pasando tiempos dif\u00edciles. Esta foto me la tom\u00f3 Maria Eugenia Romero infraganti al llegar a su casa, para que nunca olvid\u00e9 lo que aprend\u00ed y sent\u00ed en ese d\u00eda&#8230; no lo har\u00e9.<\/p>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ayer estuve seis horas ayudando en la zona cero de Escocia, en la Del Valle. Me qued\u00e9 en casa de mis pap\u00e1s y me levant\u00e9 a las 6:30am, mi mam\u00e1 me hizo de desayunar mientras me alistaba y me enfil\u00e9 hac\u00eda Heriberto Fr\u00edas, donde convocan a los voluntarios. Nos explicaron que las mujeres pasamos cubetas vac\u00edas al Ej\u00e9rcito, quienes las llenan de cascajo y las regresan a las 2 filas de hombres que est\u00e1n formados detr\u00e1s de nosotras, replegados en las paredes. Las varillas, vidrios, muebles, boiler y objetos m\u00e1s peligrosos son movidos por el ej\u00e9rcito. Conocen la inexperiencia de la mayor\u00eda de los voluntarios y no nos arriesgan. Para entrar nos dan equipo -casco, guantes, chaleco y tapabocas- escriben tu nombre, un n\u00famero de contacto y tipo de sangre en el brazo con plum\u00f3n indeleble y te vacunan contra el t\u00e9tanos. Entramos a la zona cero en silencio, con el celular apagado y r\u00e1pidamente nos ponen a trabajar. (Previo tuvimos el susto del temblor, nos replegamos y tardamos 45 min m\u00e1s en entrar mientras Protecci\u00f3n Civil verificaba que era seguro nuestro ingreso). Mis ojos no dan cr\u00e9dito a lo que veo: nunca hab\u00eda visto un edificio ca\u00eddo y es impresionante como una estructura tan robusta y s\u00f3lida es ahora una monta\u00f1a de cascajo y recuerdos. La l\u00ednea de vida -como la conocen- comienza y uno deja de pensar para ponerse a trabajar. Mientras uno est\u00e1 activo continuamente ofrecen agua, electrolitos, dulces, tamales y huevos duros, donado por la sociedad. Los voluntarios preferimos no comer, solo agarramos dulces para dejarles la comida al ej\u00e9rcito e ingenieros. Tambi\u00e9n pasan voluntarios m\u00e9dicos para saber si te sientes bien, colocan gotas en los ojos y sacan a quienes ven m\u00e1s cansados de lo normal. Pasar cubetas (botes de pintura) parece sencillo, pero despu\u00e9s de una hora sientes ampollas en las manos y calambres en los hombros. Te das cuenta que no eres la \u00fanica cansada cuando las cubetas empiezan a caerse de las manos de las dem\u00e1s. Algunos gritan que hay que tener cuidado, que pueden romperse. Los hombres nos alientan y nos dicen que hacemos un gran trabajo. 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